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El Cuerpo Diferente: Aproximaciones desde el Psicoanálisis.

LAS ENFERMEDADES RARAS Y EL PSICOANÁLISIS
Por VERA GORALI* (Especial para GEISER)

Dos acontecimientos históricos son responsables de la existencia del psicoanálisis: la represión moral impulsada por la Reina Victoria y el predominio, en nuestra época, de lo que el escritor Robert Musil denominó “el hombre sin atributos”.

Gracias al primero Freud tuvo éxito al escuchar a las mujeres el decir lo que no podían decir en otros sitios hasta lograr la curación por medio del retorno de lo reprimido.

Merced al segundo podemos apreciar que  el psicoanálisis aparece en una época que intenta anular las cualidades particulares de cada individuo para transformarlo en una cifra, un número más en las estadísticas. Lo que llamamos un Uno contable. Esto significa que vivimos en un mundo de medidas y cálculos donde las pequeñas diferencias, los rasgos compartidos sólo por unos pocos , no son tenidos en cuenta a la hora de distribuir recursos humanos o económicos En las sociedades en que vivimos rige el hombre sin cualidades.

Para  el psicoanálisis, por el contrario, cuenta sólo el caso por caso, el Uno de la diferencia, el que no hace conjunto ni se clasifica. Estos casos pueden  formar parte de un tipo  clínico pero para el tratamiento cada paciente es un caso único e irrepetible en su singularidad.

Es sin duda porque la presión de la mayoría  cuantitativa se ha vuelto insoportable para el ser humano que el psicoanálisis, con  su clínica de lo individual, es convocado   a fin de  paliar el sentimiento de no ser tenido en cuenta por no poder ser  incluido en un conjunto lo suficientemente  amplio. Lo incomparable no justifica que se le preste debida atención.

Freud, en cambio, recomendaba escuchar a cada paciente como si fuera el una novedad  clínica  y Bion sugería que cada entrevista debía recuperar el punto de emergencia  de la primera vez. Olvidar la experiencia adquirida y tener en cuenta que aún cuando una persona diga las mismas palabras que otra, nunca las utiliza del mismo modo, nunca tienen exactamente el mismo valor y sentido para dos personas diferentes. Incluso podemos afirmar que  el mismo paciente  tiene usos diferentes para los mismos términos en distintos momentos de la cura.

Por eso es crucial que el psicoanalista  “se instale siempre en la extrañeza de lo único”, dice J. A. Miller, de la Escuela de la Causa Freudiana.

Por eso encuentro cierta afinidad entre la investigación  realizada en torno al cuerpo y al fenómeno psicosomático   y a la que se lleva a cabo en diversas instituciones para abordar las enfermedades raras. Tienen en común no formar parte de una masa por ser reducido el número de pacientes que padecen cada una de ellas, aunque las enfermedades raras son muchas más de lo que se supone. Paradójicamente diría que  la lista es  bastante numerosa.

Alrededor de 5.000 es un buen número. Los afectados de enfermedades raras como los que sufren de afecciones psicosomáticas difíciles de reducir en forma permanente, se encuentran marginados del núcleo central del discurso médico y científico.

Huérfanos de tratamientos y de medicación  conviven en cierta soledad  con el impacto subjetivo que le provocan al enfermo como a quienes los rodean especialmente cuando  la cuestión genética  es determinante. Constituyen  lo que en psicoanálisis  llamamos accidentes del cuerpo.

El paradigma  que cita  Jacques Lacan es el de la joroba de Ricardo III. También el de la amante de Casanova.  Nosotros agregamos el de la intersexualidad. O cualquier otra dismorfía  con  que el cuerpo salga de la norma general, de la regularidad previsible, aquélla que transforma al ser humano en un Uno anónimo.

Los accidentes del cuerpo se diferencian de los fenómenos psicosomáticos, en cuyo origen  se puede reconocer la impronta del lenguaje .Por eso el psicoanálisis se atreve a proponer para ellos una cura por la palabra.

¿Qué puede decir entonces el psicoanálisis cuando la causa no es el lenguaje hablado sino el del ADN?

Pues bien en estos caso, y retomando el ejemplo de Ricardo III , tal vez otro hubiera sido su destino y el de sus hermanos y sobrinos si hubiera podido poner al trabajo los afectos que atravesaban su cuerpo deforme . Con ello me refiero al goce criminal que lo arrastró hasta los confines de la humanidad. Es cierto que un psicoanálisis no garantiza  una salida pacifista pero si puede asegurar un tratamiento distinto de las formas de satisfacción, más allá de permitirle a un sujeto obtener un saber hacer con su sufrimiento y con su dolor.

El psicoanálisis parte de la creencia en el determinismo. La asociación libre con la que se invita a un sujeto a decir todo lo que se le ocurre sin censura previa, confiando en la discreción  y en el saber del analista, está determinada por ciertas matrices que son propias. Estas se pueden recortar como regularidades que aparecen en el texto azaroso que despliega el paciente  para cernir su síntoma, lo que afecta  al cuerpo.

Esto nos lleva a la pregunta acerca de lo el cuerpo y los órganos son para el psicoanálisis. Freud no pone en primer plano  ni lo anatómico ni lo fisiológico, sino el sentimiento de unidad que le da consistencia a una persona, lo que lo hace pensarse un individuo en el mundo.

Ahora bien, esta consistencia no es material sino mental y se obtiene por diversas vías sin las cuales se desmembraría todo el tiempo, como lo demuestra la esquizofrenia.

A su vez un órgano no es el cumple determinada función sino justamente lo que significa el órgano una vez que ha perdido su función inicial. Por ejemplo el aparato digestivo deja de ser el que cumple la función de alimentar para pasar a ser  un modo  de la relación del sujeto con los otros. Y las acciones que se realizan  en torno a eso tienen el valor de dar o recibir amor, de demandar o de ser demandado. Igualmente  la mirada deja de ser un medio de la visión  para transformarse en un  termómetro del deseo.

Cuando se observa que una jovencita como solo un par de manzanas durante todo el día no pensamos sólo que está intentando bajar de peso sino que decimos  quizás  es alguien que está tan pleno de amor que necesita comer “nada” para manifestar que ya está satisfecha.

Si continúa expresándose así en el extremo puede llegar a morir, como ha sucedido.

Un análisis puede animarla a decir estas cosa utilizando  medios de expresión simbólicos  si se da cuenta de lo que realmente está en juego.

Estimo que un alivio similar se puede obtener con quienes padecen ER, pues en nuestra   experiencia con las recuperaciones cardiovasculares o  postraumatismos óseos hemos notado una regeneración o regularización mayor si está acompañada de un tratamiento del acontecer psíquico.

*Vera Gorali: Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL), Responsable del CAP-DEC (Dto. de Estudios Psicoanalíticos sobre el Cuerpo del Centro de Investigaciones del ICBA), Directora de las colecciones Estudios de Psicosomática y Medio-Oficio, Directora de "La consulta, Centro de atención psicoanalítica"
veragorali@yahoo.com.ar
 

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